martes, 22 de diciembre de 2009
si...
- si yo me hubiese casado con María ella no sería la madre de tus hijos... ni yo me acostaría con tu mujer.
domingo, 13 de diciembre de 2009
Mi padre no se llamaba Ernesto
Mi padre no se llamaba Ernesto pero ése fue el nombre que dijo cuando la vedette del Lido's bajó del escenario y le puso el micrófono en la boca.
martes, 8 de diciembre de 2009
No GPS, signore
Salí del camarote con cuidado de no despertar a Marisa y subí a cubierta; no vi nada más que mar, me rodeaban millones de metros cúbicos de agua que intenté apartar de mi pensamiento. El capitán estaba concentrado pelando una manzana con su navaja, fingiendo suficiencia le pregunté en inglés por nuestra posición y velocidad, y por la intensidad del viento. Al oírme, volvió su rostro barbudo y por unos instantes pareció enfocarme con sus ojos, pero terminó mirando al horizonte, a un punto lejano a muchas millas detrás de mí. Cuando estaba a punto de repetir mis preguntas, el griego encadenó varias frases que no pude entender.
– No GPS, signore -resumió finalmente, y volvió a concentrarse en la manzana ignorando definitivamente mi presencia.
El frío me empezó a resultar inaguantable, localicé la chaqueta sobre uno de los bancos y me senté mirando al horizonte y respirando a bocanadas el aire húmedo del amanecer intentando olvidar las incipientes ganas de vomitar. La mujer que nos alquiló el velero en Atenas afirmó que estaba completamente equipado pero el único instrumento que vi era un viejo compás de latón con un cristal tan sucio que no dejaba leer ningún rumbo. Recordé el folleto que me dio con la imagen de un moderno velero que navegaba majestuoso junto a una isla, gobernado por una tripulación de jóvenes y uniformados marineros. El barco de la foto no era, desde luego, esta vieja goleta de madera que cabeceaba lastimosamente al paso de cada ola y cuya única tripulación la formaba el hombre del sucio chaquetón azul que apenas podía, o quería, comunicarse. La mujer también dijo que el hombre se llamaba Leónidas, aunque seguro que era otra de sus mentiras.
lunes, 30 de noviembre de 2009
Relato o novela
Durante la comida del domingo, Labot dijo algo que ya había oido otras veces: "una novela no es más que un relato que se ha estirado por encima de las 100 páginas".
No estoy de acuerdo. Y se lo dije. Ésta es la comparación que usé ayer para explicar a mis amigos la diferencia entre relato y novela:
- un relato es como una carrera de cien metros lisos. Cada paso que das es para llegar de la salida a la llegada en el menor tiempo posible. Hay relatos más cortos (60 m) y más largos (200, 400 e incluso 5.000 metros) pero todos comparten esa característica. Una novela es como un viaje turístico, también tiene un recorrido pero el objetivo no es sólo completar el recorrido sino lo que pasa durante el mismo: el autor-viajero puede decidir dar un rodeo para explorar alguna alternativa fuera de la ruta principal, detenerse para disfrutar de un pasaje excepcional o, incluso, retroceder porque desea revisar parte del trayecto recorrido.
No estoy de acuerdo. Y se lo dije. Ésta es la comparación que usé ayer para explicar a mis amigos la diferencia entre relato y novela:
- un relato es como una carrera de cien metros lisos. Cada paso que das es para llegar de la salida a la llegada en el menor tiempo posible. Hay relatos más cortos (60 m) y más largos (200, 400 e incluso 5.000 metros) pero todos comparten esa característica. Una novela es como un viaje turístico, también tiene un recorrido pero el objetivo no es sólo completar el recorrido sino lo que pasa durante el mismo: el autor-viajero puede decidir dar un rodeo para explorar alguna alternativa fuera de la ruta principal, detenerse para disfrutar de un pasaje excepcional o, incluso, retroceder porque desea revisar parte del trayecto recorrido.
martes, 24 de noviembre de 2009
Ginebra y café (extracto)
Extracto de “Ginebra y Café”
[…]
El otro hombre bebió su café de un trago y se irguió en la silla separando, de nuevo, la espalda del respaldo. Con la mirada fija en la puerta por la que habían salido los camareros, empezó a hablar con el mismo tono monótono que había utilizado anteriormente.
– He venido a verte después de treinta años y no me has preguntado ni cómo estoy. Igual soy yo quien debía haberte preguntado por tu fracasado matrimonio o por tu empresa. Creo que está a punto de entrar en bolsa y hacerte aún más rico – observó que su interlocutor se removió incómodo en su asiento -. Aunque si tanto interés tienes, te puedo contar cómo se vive en la clandestinidad.
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