miércoles, 6 de enero de 2010

Relato Erótico Unisex

Este relato era para un concurso pero no me dio tiempo de presentarlo a tiempo

Estaba deseando volver al hotel y subir a la habitación. Dejó caer el maletín del portátil en el suelo junto a la puerta, soltó el abrigo sobre una silla y corrió hasta una de las paredes donde sólo había una puerta que parecía comunicar con la habitación contigua. Escuchó con la cara pegada a la madera pero el ruido de su propio corazón acelerado no le dejaba oir nada. Sin separarse de la puerta esperó a recuperar el ritmo habitual de su respiración; mientras, se quitó los zapatos y la chaqueta. No oyó nada: sólo silencio al otro lado. Con desgana comenzó a caminar en círculos por la habitación recogiendo el desorden que había provocado al entrar, finalmente se sentó en la cama lamentando no haber tenido más iniciativa la noche anterior. Recorrió con la mirada la habitación: la cama de sábanas blancas impecables, el moderno aparato de televisión, el escritorio con varios folletos turísticos perfectamente ordenados y el material de papelería personalizado con la marca de la cadena hotelera; todo le resultó tan impersonal y previsible como el resto de hoteles que su trabajo le obligaba a visitar regularmente.

lunes, 4 de enero de 2010

Primer día

Texto para el concurso de microrrelatos de la Cadena Ser. Más info: http://www.escueladeescritores.com/concurso-cadena-ser.

Me acerco y anoto sus nombres. El primero sonríe, impertinente.
Fredy –como no escribo, corrige hastiado- Federico Márquez, señora. Ya me conoce.
El segundo ladea lentamente la cabeza hasta que el largo flequillo descubre uno de sus ojos. Sólo entonces se presenta, arrastrando las sílabas:
– Rodrigo Salazar.
Se suceden los nombres mientras observo las joyas de los chicos y los tatuajes de las chicas. La niña que cierra la fila no lleva maquillaje, ni tacones, ni anillos. Susurra:
Stephanie Clermont.
La fila estalla en un estruendo de burlas y carcajadas.
– Bienvenida, Stephanie. Pronto llegará alguien de quien te puedas reír.

martes, 22 de diciembre de 2009

si...

- si yo me hubiese casado con María ella no sería la madre de tus hijos... ni yo me acostaría con tu mujer.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Mi padre no se llamaba Ernesto


Mi padre no se llamaba Ernesto pero ése fue el nombre que dijo cuando la vedette del Lido's bajó del escenario y le puso el micrófono en la boca.

martes, 8 de diciembre de 2009

No GPS, signore

Salí del camarote con cuidado de no despertar a Marisa y subí a cubierta; no vi nada más que mar, me rodeaban millones de metros cúbicos de agua que intenté apartar de mi pensamiento. El capitán estaba concentrado pelando una manzana con su navaja, fingiendo suficiencia le pregunté en inglés por nuestra posición y velocidad, y por la intensidad del viento. Al oírme, volvió su rostro barbudo y por unos instantes pareció enfocarme con sus ojos, pero terminó mirando al horizonte, a un punto lejano a muchas millas detrás de . Cuando estaba a punto de repetir mis preguntas, el griego encadenó varias frases que no pude entender.
No GPS, signore -resumió finalmente, y volvió a concentrarse en la manzana ignorando definitivamente mi presencia.
El frío me empezó a resultar inaguantable, localicé la chaqueta sobre uno de los bancos y me senté mirando al horizonte y respirando a bocanadas el aire húmedo del amanecer intentando olvidar las incipientes ganas de vomitar. La mujer que nos alquiló el velero en Atenas afirmó que estaba completamente equipado pero el único instrumento que vi era un viejo compás de latón con un cristal tan sucio que no dejaba leer ningún rumbo. Recordé el folleto que me dio con la imagen de un moderno velero que navegaba majestuoso junto a una isla, gobernado por una tripulación de jóvenes y uniformados marineros. El barco de la foto no era, desde luego, esta vieja goleta de madera que cabeceaba lastimosamente al paso de cada ola y cuya única tripulación la formaba el hombre del sucio chaquetón azul que apenas podía, o quería, comunicarse. La mujer también dijo que el hombre se llamaba Leónidas, aunque seguro que era otra de sus mentiras.