jueves, 11 de marzo de 2010

El caso Marta Sanz

– ¿Ernest Blaumann? Venimos a detenerlo. Está acusado del asesinato de Marta Sanz.
Una ola de silencio inundó las escaleras del edificio interrumpiendo a su paso las actividades habituales del domingo. Una puerta que no había producido sonido alguno al abrirse se cerró ruidosamente; las pisadas de unas zapatillas deportivas se detuvieron entre dos pisos; un equipo de música se desconectó. Los dos policías terminaron de entrar en la vivienda y Ernest Blaumann, en pijama, cerró la puerta tras ellos. El más joven de los agentes guardó su identificación y resumió:
– Me llamo Juan Gelman. Él es el agente Frederick Taylor. El viernes pasado le seguimos cuando llevó a Hans Schwarzmann hasta el aeropuerto. Vístase y acompáñenos, por favor.


El comisario Gelman había pasado el viernes en el aeropuerto vigilando todos los vuelos con destino a Alemania. A primera hora de la tarde, Hans Schwarzmann se acercó al mostrador de facturación portando una pequeña bolsa de viaje de cuero negro. Iba acompañado de otro hombre que después resultó ser Ernest Blaumann. A pesar de la insistencia de la empleada de Lufthansa, Hans se negó a facturar la bolsa; recogió el billete y, acompañado por su amigo, se dirigió a la puerta de embarque. Los dos alemanes caminaron en silencio y se despidieron con un simple apretón de manos varios metros antes de llegar al control de pasaportes. El comisario indicó con un gesto a su compañero que siguiese al viajero y él partió detrás del acompañante que se alejaba camino del aparcamiento. Mientras Juan apuntaba la matrícula en una libreta, el otro policía se reunión con él:
– Hans está volando hacia Hamburgo. No ha hablado ni se ha cruzado con nadie más.
– Yo tengo la matrícula del otro. A ver si hay suerte y podemos identificar a ese tipo.
El comisario consultó su libreta, retrocedió un par de páginas y añadió una línea a la lista de personas relacionadas con el asesinato: “Amigo de Hans”. A continuación dejó sitio para apuntar el nombre y copió la matrícula que acababa de apuntar en la última página. Quería rellenar el último hueco de sus notas y cerrar el caso en las próximas horas. Al menos esperaba que no siguieran apareciendo más sospechosos.
El jueves, Juan Gelman se había acercado a la Filmoteca a preguntar por la chica asesinada. La chica tenía apuntado ese día en su calendario y entre sus pertenencias habían encontrado un recorte con los horarios de las películas del jueves anterior. Marta había marcado la sesión de las 5 (John Ford) y la sesión de las 10 (Jerry Lewis). El detective esperó en la calle a que terminara la primera sesión. Salieron varios grupos de personas donde predominaban las gafas y los pantalones vaqueros. Eligió el grupo que le parecía más joven y enseñó la foto de Marta. Nadie reconoció a la joven. Lo intentó con otro grupo sin éxito y no pudo repetir la operación porque el resto de grupos se disolvieron espontáneamente. Un hombre mayor, de unos cincuenta años, chaqueta verde, jersey azul, pantalones de pana marrón, tocó al policía en el hombro:
– Disculpe, ¿está buscando a Marta?
– ¿la conocía?
El hombre, que no sabía que Marta había muerto, le contó que estuvo con ella el jueves pasado como todas las semanas. Recordó que vieron juntos una película de John Ford. Cuando terminó el pase, Marta se encontró con un joven que parecía estar esperándola. Resultó ser un amigo alemán de la chica que estaba de paso por la ciudad. Tomaron café los tres y hablaron de cine soviético. El hombre no recordaba el nombre del alemán pero le reconoció en una fotografía que le enseñó el policía. La foto estaba en el bolso de la joven asesinada y estaba firmada por alguien llamado Hans. El joven comentó que iba a estar una semana en Madrid. Marta y él debieron irse juntos, dedujo el cinéfilo, porque no volvió a ver a Marta en ninguno de los dos pases siguientes.
El policía escribió en su libreta “Marta y Hans se vieron el jueves, pero no se lo dijeron a María. ¿por qué engañaron Hans y Marta a María?”. Pidió otro café y se quedó solo en la cafetería del cine repasando las notas que había tomado el martes durante el interrogatorio de María, la mejor amiga de Marta.
“María Cepeda. 21 años. Declara en comisaria por voluntad propia. Amiga íntima de la fallecida. Estuvo con Marta el viernes. Por la tarde fueron al teatro juntas a ver a Les Luthiers (calle Jorge Juan). Luego fueron a casa de Marta donde habían quedado con Hans. Hans Schwarzmann, amigo común que conocieron en Hamburgo el verano anterior. Marta y María pasaron el verano en Hamburgo aprendiendo alemán. Hans estaba de paso por Madrid y quedaron los tres para recordar los viejos tiempos. Bebieron. De madrugada salieron los tres de la casa. Marta acompañó a sus dos amigos hasta la avenida de la Castellana donde cogieron un taxi. Allí se despidieron. María acompañó a Hans a su hotel y no volvió a hablar con la fallecida.”
Después del interrogatorio, Juan Gelman había añadido algunos comentarios propios:
“El alemán y María pasaron la noche en el hotel. Confirmado por los recepcionistas.”
“María no se separó de su amiga en toda la tarde”
“María no vio a Juan Molina (ex-novio)”
El policía subrayó los nombres que aparecían en las notas: Hans, María, Juan Molina (ex-novio).
– Hay muchos Juan en Madrid. Es un nombre muy común -dijo el comisario Juan Gelman a su compañero Frederick.
– Es curioso que el principal sospechoso del asesinato se llame igual que el policía que va a detenerlo.
– Un desengaño amoroso de dos adolescentes no parece un móvil muy sólido. Además el chico tiene una coartada estupenda: pasó toda la noche en comisaria denunciando un accidente después de cenar solo en un VIPS.
Entre las pertenencias de Marta, la joven asesinada la madrugada del sábado, había aparecido una carta de su ex-novio, Juan, y una hoja de un diario. El chico comunicaba a Marta que quería dejar la relación y ella escribía que estaba destrozada. El caso parecía claro. Dos antiguos amantes quedan para devolverse fotos y regalos, el chico propone un brindis de despedida, la chica acepta, él se ofrece a acompañar a la chica borracha hasta su casa, ella acepta, él le propone echar el último polvo, ella se niega, él insiste, saca una navaja, forcejean y se produce el asesinato involuntario.
La policía había citado a Juan Molina, el ex-novio, en la comisaria para interrogarle en presencia del juez instructor y encerrarlo. Sin embargo salió en libertad después de una breve declaración. El joven confirmó que había citado a Marta la noche que fue asesinada pero ésta no apareció. Juan cenó solo en el VIPs, conservaba el ticket: una hamburguesa y una bebida. Al salir cogió su moto y fue atropellado por un coche. A la hora del asesinato, estaba en comisaria rellenando una denuncia. Durante el interrogatorio recordó que había regalado a Marta dos entradas para ver a Les Luthiers el mismo viernes por la tarde.
– Evidentemente no fuimos juntos -dijo el chico-. Seguramente, invitó a su amiga María.
Juan Gelman, el policía al que asignaron el caso, había revisado y clasificado los papeles que llevaba la chica asesinada. Buscó la primera página en blanco de su libreta y escribió el título del caso: Marta Sanz. Añadió algunos datos básicos: asesinato con arma blanca; madrugada del sábado; Plaza Picasso, cerca de Nuevos Ministerios. Luego preparó una lista ordenada de nombres relacionados con el caso: Juan, Hans, María. Empezó a trabajar.
La madrugada del sábado, Hans y María se besaron en el asiento del taxi camino del hotel del alemán. El taxista observó por el retrovisor como el alemán desabrochaba la blusa de la chica mientras se alejaban de Nuevos Ministerios donde se había quedado la otra joven. En el espejo contrastaba el movimiento de las cabezas dentro del taxi y la inmovilidad de la figura de Marta sobre la acera, cada vez más lejana.
Hans y Ernest se habían encontrado el mismo viernes por la mañana en las calles del centro de Madrid. Como dos turistas normales parecían pasear sin rumbo observando los viejos edificios de las estrechas calles. Hans, chaqueta de cuero negro, cara sofocada bajo el pelo rubio se detenía continuamente para observar las curiosas fachadas e inscripciones que encontraban a su paso. Ernest, con las manos ocultas en los bolsillos de un viejo chaquetón azul con reminiscencias marineras daba cortos pasos mientras disfrutaba del sol primaveral y de la compañía de su viejo amigo.
– Hay que matar a uno de los agentes de Madrid. La organización no se fia de ella -dijo Hans.
– ¿por qué?
– Será una acción fácil. He quedado con ella esta noche en casa de un amigo común. Beberemos hasta la madrugada. Saldré con ella para que la puedas identificar. Cuando nos separemos, la sigues y la matas en algún sitio solitario. Puedes simular un robo.
– ¿cómo la identificaré?
– Tienes que darme tiempo a llegar al hotel y que el recepcionista me vea entrar. No hay peligro, nadie podrá relacionarte con María. Simplemente espera en Nuevos Ministerios. Llegaré con la chica, le daré un beso de despedida y cogeré un taxi.
– Entendido. Buen viaje.
– Por cierto, el agente que hay que eliminar se llama María Cepeda. Intenta confirmar la operación por los medios habituales.

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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, buenos días. Me llamo Júlia y como trabajo de Sociales estamos trabajando el caso de "La extraña muerte de Marta Sanz" hemosleído lo que pone en vuestro blog (http://aquiles-solis.blogspot.com.es/2010/03/el-caso-marta-sanz.html) nos gustaría saber si es fiable y de donde lo habeis sacado. Muchas Gracias, contacta conmigo por mi correo julia.poy@gmail.com

Anónimo dijo...

Hola, me llamo Natali y me gustaria saber si lo que deccís en ete blog es la verdadera hipótresis de este caso. Respondemes a través de nataliacastro12@outlook.es. Gracias